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Seguro de Vida

Si alguien depende de ti, tu protección también importa. El seguro de vida cuida lo que has logrado y respalda a quienes más quieres en los momentos difíciles. Es una forma real de seguir presente y dejar huella, incluso cuando no estás.

Piensa en el seguro de vida como una red que cuida a tu gente si algún día tú no estás. Tú haces pagos periódicos y, si algo llega a pasar, la aseguradora les entrega un monto a las personas que elijas.

Con ese dinero pueden cubrir gastos del día a día, pagar deudas, organizar todo con calma o seguir cumpliendo los planes que tenían juntos. Es tu manera de estar presente y apoyar, incluso cuando no puedas hacerlo en persona.

La cantidad ideal depende de tu situación. Mira tus ingresos, tus gastos y quién depende de ti. Como referencia, muchas personas eligen entre 10 y 15 veces su ingreso anual, pero lo importante es que se ajuste a tu realidad. Piensa en lo que tu familia necesitaría para estar bien si tú no estás: vivienda, deudas, estudios, cuidado de los niños o cualquier plan a futuro. Cuando sumes todo, vas a tener una idea mucho más clara de la cobertura que necesitas.

Depende del tipo de póliza y de tu información. A algunas personas les aprueban el seguro el mismo día, sobre todo si es un plan simple o sin examen médico. En otros casos puede tomar desde unos días hasta algunas semanas, por ejemplo, si necesitan examen médico o una entrevista por teléfono.

Si tienes familia, sí vale la pena. Es una de las formas más poderosas de protegerlos si algún día tú no estás. Les da un respaldo económico para cubrir gastos diarios, pagar la casa o ayudar a tus hijos a seguir estudiando.

Y no es solo para papás o parejas casadas. También puede ser útil si alguien depende de ti, como hermanos, padres mayores o incluso tu negocio. Es una manera real de cuidar a quienes cuentan contigo.

Sí, puede ser una muy buena decisión.

Cuando eres joven y estás sano, el seguro cuesta menos y puedes fijar una tarifa baja que se mantiene con el tiempo.

- A medida que pasan los años o si tu salud cambia, el precio sube porque la edad y la salud influyen en la tarifa.
- Y aunque no tengas hijos o pareja, también puedes usarlo para cubrir deudas como préstamos estudiantiles o tarjetas, así evitas que tu familia tenga que hacerse cargo.

Depende del plan que elijas. Muchas pólizas no lo piden, solo te hacen unas preguntas de salud. Si sí necesitas examen, tranquilo, suele ser rápido y sencillo: revisan peso, estatura, presión y algunos valores básicos.

Es la persona o las personas que tú eliges para que reciban el dinero de tu seguro si algún día tú no estás.

Elige a alguien en quien confíes y que usaría el dinero como tú lo deseas. Puede ser tu pareja, hijos, padres, hermanos, un amigo cercano, un socio o incluso una fundación que sea importante para ti.

Sí, en la mayoría de los casos puedes cambiarlo cuando quieras. Momentos como casarte, divorciarte, tener hijos o cualquier cambio importante en tu vida son buenas razones para actualizarlo.

Sí, puedes elegir a varias personas como beneficiarios. Además, tú decides cómo repartir el dinero entre ellos. Por ejemplo, puedes dejar un porcentaje a tu pareja, otro a tus hijos, a tus padres o incluso a una fundación que te importe.

También puedes nombrar beneficiarios principales y secundarios. Los principales reciben el pago primero y, si alguno no puede recibirlo, el beneficio pasa a los secundarios. Esto te da flexibilidad para organizar tu plan de acuerdo a tus deseos y a las personas que más significan para ti.

Depende de lo que quieras lograr. Si tu idea es proteger a tu familia mientras pagas la casa, crías a tus hijos o cubres responsabilidades grandes, muchas personas eligen un plazo de entre 10 y 30 años. Si en cambio buscas protección de por vida y beneficios adicionales, una póliza permanente puede ser una mejor opción. Todo depende de tus metas y de cómo quieras planificar tu futuro.

Empieza por pensar en tu presupuesto, tus metas a largo plazo y a quién quieres proteger. Eso te dará una base clara para decidir. Si no estás seguro de cuál elegir, no te preocupes. Un asesor licenciado de Ozzo puede ayudarte a encontrar el plan que mejor se ajuste a tu vida y a lo que quieres lograr.

Tu tarifa depende de varios factores: tu edad, tu salud, si fumas, tu trabajo, tu estilo de vida, el historial médico de tu familia y la cantidad de cobertura que elijas.

En general, mientras más joven y sano estés, más baja será tu prima. Algunas aseguradoras también toman en cuenta tu historial de manejo o si haces actividades que impliquen más riesgo, como deportes extremos o trabajos peligrosos.

Sí, hay un límite y depende de cosas como tu ingreso, tu edad, tu salud y tus responsabilidades financieras. La aseguradora busca que la cantidad tenga sentido con lo que tu familia necesitaría si tú no estás. En general, las personas jóvenes, sanas y con buenos ingresos califican para montos más altos de cobertura. La clave está en elegir una cantidad que se ajuste a tu realidad y a las necesidades de quienes dependen de ti.

Sí, puedes hacerlo, siempre que tengas su consentimiento y exista lo que se llama “interés asegurable”, que significa que su fallecimiento te afectaría económicamente.

En el caso de una pareja es sencillo, porque comparten gastos y responsabilidades. Para tus padres, puedes demostrar que los apoyas económicamente o que asumirías gastos médicos o funerarios. De esta forma, el seguro te ayuda a estar preparado y a proteger a tu familia en momentos difíciles.

Sí, puedes hacerlo. Pero si tu hijo es menor de 18 años, la aseguradora no puede entregarle el dinero directamente. En la mayoría de los casos necesitas nombrar a un adulto de confianza, un tutor legal o crear un fideicomiso para que administre los fondos hasta que tu hijo sea mayor de edad.

Así te aseguras de que el dinero esté protegido y se use para su bienestar.

El beneficiario primario es la primera persona en recibir el dinero de la póliza. El contingente entra en juego solo si el primario ya no está o no puede reclamar el beneficio. Es como tener un “plan B” para asegurarte de que el dinero llegue a alguien que tú elegiste.

Es una parte de la prima que se guarda y crece con el tiempo a una tasa fija. Puedes usar ese dinero para pagar tus primas, pedir préstamos o hacer retiros.

Solo recuerda que si lo usas, el monto que recibirán tus seres queridos al final puede reducirse. Es una herramienta útil, pero conviene usarla con cuidado y buena planificación.

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